Por Catherine Contreras 
Carolina Restrepo es de Medellín, pero su corazón es peruano. Su idilio con nuestro país es la extensión del lazo que la unió a Jean-Edouard, un joven funcionario internacional belga que se casó con ella y al ser comisionado al Perú la trajo a Lima, donde la animó a enfocar su creatividad como diseñadora hacia nuestra cultura y sus llamativos colores.
Así lo hizo y el resultado fue Puro Corazón, una marca concebida como un "universo alterno". Su propuesta combina tejidos artesanales producidos por mujeres víctimas de la violencia de Ayacucho --y artesanos de ciudades como Sicuani y Pucallpa--, los que aplica en diseños modernos, especialmente accesorios (carteras), sacos y chalecos, estableciendo contacto entre una cultura ancestral y una realidad que valora mucho lo vanguardista.
"Intervenir en el mundo de la moda con un golpe de felicidad" fue el objetivo que se trazó Carolina, y lo logró en solo dos años y medio. Hoy, sus prendas se venden en Lima, Medellín, Bogotá, Miami y se abre paso en París (su última colección estuvo en Le Showroom de Hortensia de Hutten), Japón y España.

Carolina Restrepo es de Medellín, pero su corazón es peruano. Su idilio con nuestro país es la extensión del lazo que la unió a Jean-Edouard, un joven funcionario internacional belga que se casó con ella y al ser comisionado al Perú la trajo a Lima, donde la animó a enfocar su creatividad como diseñadora hacia nuestra cultura y sus llamativos colores.
Así lo hizo y el resultado fue Puro Corazón, una marca concebida como un "universo alterno". Su propuesta combina tejidos artesanales producidos por mujeres víctimas de la violencia de Ayacucho --y artesanos de ciudades como Sicuani y Pucallpa--, los que aplica en diseños modernos, especialmente accesorios (carteras), sacos y chalecos, estableciendo contacto entre una cultura ancestral y una realidad que valora mucho lo vanguardista.
"Intervenir en el mundo de la moda con un golpe de felicidad" fue el objetivo que se trazó Carolina, y lo logró en solo dos años y medio. Hoy, sus prendas se venden en Lima, Medellín, Bogotá, Miami y se abre paso en París (su última colección estuvo en Le Showroom de Hortensia de Hutten), Japón y España.